sábado, 6 de octubre de 2007

MATERIALES

Calzado de media montaña



Hace unos años, el único calzado de media montaña que existía eran las chirucas y las cletas. Unas botas flexibles de ante que calzaron los pies de la práctica totalidad de los excursionistas y escaladores de la época.

A mediados de los años ochenta comenzaron a aparecer modelos que incorporaban materiales sintéticos como la cordura (un tejido de nailon muy resistente) y un fino y flexible cuero. La combinación ofrecía unos niveles de comodidad y ligereza desconocidas.

Los modelos actuales destinados a las actividades de media montaña se elaboran en ante o nobuck, que son cueros finos y flexibles de entre 1 y 2 milímetros de espesor. Normalmente estos materiales se combinan con cordura u otras poliamidas en el objeto de conseguir un calzado ligero y cómodo. Los modelos se construyen con cierta forma de guante, de modo que las costuras que unen el empeine de la bota con el forro, entresuela y suela, quedan ocultas en el interior de ésta, siendo así más resistentes al roce y al agua. La palmilla (plantilla rígida que se sitúa entre la plantilla y la suela) confiere a la bota gran parte de sus características de comodidad y flexibilidad. Los modelos ligeros suelen llevar una palmilla de nailon que proporciona aislamiento sin comprometer la flexibilidad longitudinal de la bota. Los modelos más técnicos utilizan palmillas más recias de cuero, nailon, fibra de vidrio o incluso metal.

La suela es uno de los elementos que más ha evolucionado en los últimos años. Algunos fabricantes diseñan sus propias suelas, como es el caso de Boreal o Salomón. Otras firmas utilizan suelas de reconocida calidad como las fabricadas por Skywalk o Vibram. Casi todas las suelas tienen la misma composición aunque con proporciones variables, lo que confiere unas características de dureza, adhesión y durabilidad. Las suelas modernas están compuestas por un sistema de absorción de impactos incrementando la capacidad de amortiguación de la goma por medio de canales de cámaras de aire. Desde hace unos años los fabricantes se han tomado muy en serio el reto de disminuir la fatiga que produce en las articulaciones y la columna vertebral el microimpacto de cada paso, y vienen experimentando con plantillas de espumas de poliuretano o EVA insertadas, o con materiales de gran absorción.



Las membranas impermeables-transpirables son otra de las evoluciones más importantes que se han experimentado en el calzado de montaña. Casi todos los fabricantes incluyen membranas en sus modelos de calzado que permiten la expulsión del sudor. Estas membranas mejoran la impermeabilidad pero también reducen sensiblemente la capacidad de evacuación de sudor de la bota.



En la mayoría de los modelos el forro interior está fabricado con Cambrelle u otra poliamida antialérgica y antibacteriana. Las costuras de las zapatillas deben ser pocas y planas para que los pies no sufran daño al caminar y no aparezcan las molestas rozaduras y ampollas.



Aunque todos los fabricantes utilizan tecnologías y materiales muy similares para la fabricación de sus productos, hay que observar importantes diferencias en el diseño. El primer elemento de diseño es la horma. No todos los fabricantes hacen el calzado para el mismo tipo de pie, algunos lo hacen para pies estrechos y otros para pies anchos. También es importante la sujeción del tobillo. Este papel lo cumplía la caña, aunque cada día se hacían más populares los modelos que reducen su altura, e incluso lo hacían desaparecer. Para aquellas personas que tengan los tobillos débiles se han incorporado estructuras de plástico que estabilizan el tobillo desde el talón. Otros siguen confiando en la altura de la caña ,que pude ser más o menos rígida. Es muy importante que la sujeción lateral del tobillo se realice sin interferir el movimiento natural del pie. Hay que recordar que la estabilidad del pie también es muy importante y depende en gran parte de la rigidez lateral de la suela: una bota alta con una suela blanda y poco estable ofrecerá menos protección y seguridad que una zapatilla con una buena suela con suficiente rigidez lateral.



Y antes de decidirse por un par de botas hay que tener en cuenta que la lengüeta cubra toda la apertura frontal de modo que impida la entrada de agua, barro o tierra; la presencia de plantillas interiores extraíbles y la utilización de ojales de latón inoxidable, siendo preferibles de tela.


PERO POR FIN, ¿CUÁL ME COMPRO ?


Pide por ese piececito...



Comodidad: que el pie se encuentre a gusto dentro del calzado, incluso cuando se hincha tras varias horas de caminar, depende de la horma o forma interna, de la morfología de nuestro pie y por supuesto de otros parámetros importantes (materiales, terminación, concepción biomecánica y diseño del conjunto suela/corte, etc.). Tras probar un centenar largo de modelos durante las tres décadas que llevo saliendo al campo y tras haber vendido miles de pares a excursionistas durante 7 años, os puedo asegurar que casi siempre comodidad y longevidad están reñidos. Teorías y anuncios publicitarios a parte, el calzado más cómodo suele tener bajo peso y discreta longevidad. Pero eso no quiere decir que todos los modelos livianos sean confortables ni que todos los «tanques» sean un tormento malayo…


Transpirabilidad: si el pie se recuece, bien sea por la posiblemente elevada temperatura reinante en el exterior o en nuestro calzado por el sobrekilometraje, las ampollas torpedearán nuestra frágil línea de «flotación» sobre cualquier inofensivo camino de tierra. Favorécela adquiriendo modelos con partes de rejilla (nailon o poliéster con orificios de ventilación), o al menos con la piel perforada y que no esté excesivamente tratada para la humedad.

Impermeabilidad: éste, que constituye un criterio impepinable si se va realizar la actividad en época de lluvias o si luego vamos a usar el calzado el resto del año en espacios naturales pluviosos, según algunos especialistas y fabricantes, no debe condicionar nuestra elección en el Camino, mientras que otros opinan que resulta una cualidad imprescindible en toda actividad. En fin, todos tienen sus argumentos válidos y no hay quorum. Sympatex, Gore-tex, Dry Line y Nova-Dry son algunas de las membranas impermeables-transpirables que gozan justificadamente de buena reputación cuando el mal tiempo ataca.


Velocidad de secado: no pocas veces un chaparrón estival nos puede dejar nuestro par de botas de siete leguas empapadas para otras siete (leguas, claro) o incluso para varias jornadas seguidas sin sol. Por lo que he comprobado, las diferencias en la velocidad de secado suelen variar hasta en el cuadruple entre los modelos que incluyen Cordura o tejidos sintéticos similares y las versiones íntegramente de piel. Hace algún tiempo me dio un ataque de locura, aún sin certificar en acta notarial, y mojé a conciencia una treintena de botas para comprobar cómo algunas ya estaban sin humedad en 6 horas y otras tardaban tres días ¡y a 20ºC!


Longevidad: personalmente me parece un criterio totalmente sacrificable en aras de la comodidad. Si nuestra adquisición no nos dura más de un año o dos, tampoco resulta tan grave ¡que más nos gastamos en caprichos o bares y pocos nos quejamos!

¿Y el peso?¡Ay, el peso! Nunca recuerdo bien a cuántos kilómetros de más equivale teóricamente cada 100 gramos de más en nuestros pies, pero desde luego es una verdad más grande que la catedral de Santiago. En general todas las zapatillas de outdoor, senderismo, trekking o como queramos llamarlas andan -nunca mejor dicho- entre los increíbles 500 gramos/par número 42 (casi todos de la firma Salomón) y los 1.000 gramos. Y las botas varían desde los livianos 900 gramos hasta los 1.500 gramos. Para ser justos no podemos sin embargo dejar de advertir que más vale un modelo algo pesado, pero con una horma bien estudiada y una suela de agradable amortiguación que no una zapatilla de chichinabo que de puro blanda no ofrezca estabilidad ni protección alguna. Los modelos menos pesados acostumbran a presentar una entresuela que amortigua bastante, pero que se descarna con relativa facilidad si choca con ramas o piedras abrasivas, y rejillas muy transpirables que desgraciadamente -snif- siempre duran entre la mitad y la cuarta parte que una gruesa Cordura o una piel de calidad.


Bendita amortiguación Si simplificáramos, se podría afirmar que la mayoría de las botas con una suela de goma dura y larga duración (tipo Vibram) ofrecen una amortiguación inferior a las que incluyen suelas con un relieve o tacos menos pronunciados y goma más blanda. Ciertamente la amortiguación final depende también de otros elementos críticos situados encima de la suela, como la entresuela –con o sin cojín de aire–, la palmilla y las muy importantes y casi siempre ninguneadas plantillas, pero pese a las promesas de los sofisticados nombres adoptados por muchos fabricantes el resultado navega más en la pobreza que en la excelencia. A mayor amortiguación, menor cansancio al final del día. Lo malo es que algunos de los modelos que mejor absorben el choque producido por nuestro cuerpo más la mochila al andar tienen una adherencia pésima sobre terreno mojado. No es raro ver zapatillas con una pinta tan buena que te caes patrás o hasta te da un fatuto, que son verdaderos patines sobre terreno rocoso mojado o más mundanamente hablando sobre asfalto o en cualquier acera del pueblecito conmuchoencanto de turno. Avisados estáis, que muchas suelas de arabescos tacos autolimpiables y calificadas como de «alta tracción» ¡son de alta traición! Y en eso, la casa italiana Vibram, aunque no es la única, puede presumir de tener decenas de modelos con una adherencia muy por encima de la media. El octógono amarillo que distingue esta firma entre todas las suelas aún está entre las mejores, y con diferencia, en terreno mojado y longevidad.

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